PROLOGO
El Mundo está cambiando, un Nuevo Orden está próximo. Las bandas terroristas de todo el planeta buscan en el mercado negro armas nucleares, especialmente las que operan en Latinoamérica, en tanto la gente por dar prioridad a la amistad se agrupa en la ciudad virtual del fin de los tiempos, "La Ciudad Omega". Su Agente Secreto Zogw , que defiende sus intereses, está tras los pasos de la que se ha dado en llamar "La Conexión AM", en referencia a la antigua sigla AM que empleaba la CIA para designar las cuestiones vinculadas con cubanos que, en este caso, operan desde algún lugar secreto del caribe, para provocar un gran estallido de violencia en la ciudad de Nueva York a fin de que la crisis que sobrevenga en los EEUU, tanto en el terreno político como en la credibilidad de los valores occidentales, permita a los grupos de guerrilleros locales instalar gobiernos autoritarios en todo el Contiente Americano.
Atilio Luján Britos
Es la leyenda de la Ciudad Omega en su transito hacia el fin de los tiempos. Está poblada sólo por gente que es entre sí amiga y que pregona: que ningún medio de comunicación por más importante y poderoso que sea podrá sutituir la mirada del ser humano, ni ningún armamento, la cohesión ni los códigos de la amistad. Por otra parte, es la saga del Agente Secreto Zogw que en ese tránsito tendrá que desbaratar en forma reiterada los planes del traficante de armas conocido como El Cuervo, que entre bambalinas y por dinero, pergeña guerras y todo tipo de crueles felonías con los esbirros de los Estados Mafiosos ( los que pactan con terroristas y el narcotráfico) que en todo momento lo secundan, para destruirla en su totalidad.
Atilio Lujan Britos
Cada uno de los contenidos literarios, de las imágenes, como de su diseño y propuestas que aquí se efectúan, por ser algunas de sus partes, pertenecen a mi novela -Ciudad Omega: La Saga del Agente Secreto Zogw , que estoy dando a conocer. Por ende, cada uno de los respectivos derechos de autor y de diseño han sido reservados por quién tiene el gusto de escribirles, Dr. Atilio Luján Britos, tanto dentro como fuera de la República Argentina por ante cualquier idioma o país en que se los pretenda hacer reproducir, sin mi autorización.
ISBN: 978-987-05-7449-1
CAPITULO I
LA MARCA DEL DESTINO
Eran las vísperas de la última Navidad del pasado milenio. El sol emergía por encima de la selva nigeriana con furor, llevando su luminosidad a los lugares más ocultos y extraños del continente africano. También lo hace con su tragedia, que por acostumbrarnos a verla nos parece hasta normal. Tal vez lo sea si no somos capaces de asociar al lugar cosas lindas o momentos felices que van más allá de nuestras personas o de lo que hemos hecho o dejado de hacer en ese lugar. Por otra parte, no será un día más en la vida de El Cuervo, quién estaba convencido de tener todas sus cosas bajo control ya sean las personales o como traficante de armas que desde siempre ha operado con ese apodo, más que obvio, aunque no menos trágico.
Es mercader desde hace muchos años y desde cuando aún era muy joven, desde fines de la década de los sesenta en que fue uno de los Jóvenes Viejos, pues cuando se hablaba del amor y de la libertad en todos los ámbitos del planeta, él vendía armas a los dictadores que transitaban por el gobierno de Nigeria. Con sus armas y las de otros viejos conocidos con muchísimo más poder que él se masacró a millones de personas en la incipiente República de Biafra en donde, allá por 1.958, se había descubierto petróleo que para ser más preciso, lo fue en la zona oriental Del Delta del Níger. Desde entonces, una de las principales compañías extranjeras que ahí opera, junto a otras italianas y norteamericanas, es la anglo-holandesa Shell Oil. Así la situación y al poco tiempo de que se iniciaran las extracciones, se comenzó a percibir la destrucción de los bosques de manglares y el agotamiento de la población de peces, que consistía en el real sustento de los habitantes del Pueblo Ogoni. Por otra parte, las llamaradas que se producían en las chimeneas de las refinerías de petróleo, que poblaban todo el Sureste de Nigeria, iluminaban el cielo en forma constante, sin permitirles a generaciones completas de sus habitantes tener la posibilidad de ver la oscuridad de una sola noche. La tierra que por tradición pertenece a estos nobles africanos, estaba siendo saqueada.
El traficante había arribado a la Isla de Biok, el día anterior, en su monoplaza Piper PA- 12, desde la ciudad de Freetown en Sierra Leona, y esa mañana se disponía a partir con destino a la antigua capital de Biafra, la ciudad de Enugu, en donde se reuniría con algunos emisarios del gobierno local para arreglar los detalles de la compra de un importante cargamento de armas que serían destinadas a combatir al cada vez más poderoso, Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger (MEND). Cauteloso, comenzó a transitar la improvisada pista que apenas era visible por la niebla matinal, poco a poco apretó el acelerador de la avioneta hasta que con el golpe final, despegó bruscamente y quedó flotando en el aire sobre las aguas del Golfo de Guinea, como si fuere una marioneta. La quietud era absoluta, sin embargo, despertó la atención de El Cuervo ver que los barcos surcaban el mar a marcha redoblada. Los más grandes hacia el Puerto Harcourt, al borde del delta del río Níger y los más pequeños hacia el otrora embarcadero de esclavos, del viejo puerto de Nembe en el río Nun. Por lo que sin pérdida de tiempo, se contacta con la Guardia Costera.
-Aquí el piloto del vuelo 666, Piper PA- 12, de la Isla de Biok a Enugu - a la vista de ustedes - quiere saber las novedades sobre las condiciones de vuelo en las próximas dos horas - Enseguida escuchó la respuesta por la radio.
-¡Tiene que aterrizar de inmediato! ¡Tiene que aterrizar de inmediato!..
-¿Cuál es el motivo? - requiere el traficante. La respuesta tampoco se hace esperar.
- Señor, esta radiante mañana se transformará muy pronto en una noche tenebrosa. Aterrice por favo.r- Fue la lacónica respuesta del Jefe de la Guardia Costera.
- ¡Ah! ese era el motivo de la premura de las embarcaciones para retornar a los puertos más cercanos - Musitó El Cuervo, muy despaciosamente, estirando las vocales mientras la ropa se le empapaba con su frío sudor. En tanto sus manos, más crispadas que firmes, luchaban con los comandos del aparato que el vendabal, que ya se había desatado, con su fuerza inconmensurable arrastraba a más de una milla de la Isla de Biok, mar adentro.
- ¡Diablos! ¡Qué pasa! ¡Qué pasa! ... - El fogonazo del rayo fulmine, compacto y velocísimo, hizo que el motor de la avioneta se apagara al instante y comenzara a realizar extrañas piruetas entremezclada con los restos de las chozas de algunos lugareños, que no eran más afortunados que él. El meteoro había derretido cada una de sus conexiones eléctricas en plomo y dilatado los agujeros de los remaches, lo que hacía que éstos comenzaran a salirse junto con las planchas metálicas del fuselaje.
- ¡Aquí el vuelo 666! ¡Estoy en emergencia!... ¡Aquí el vuelo 666!... - Clamó el traficante, hasta darse cuenta que la falta de corriente eléctrica lo había dejado incomunicado y que un nuevo torbellino lo había posicionado sobre el continente, en el desvencijando avión que estaba precipitandose a tierra sobre la zona que se conoce como la "La tumba del hombre blanco" , por ser una comarca de unos 500 kilómetros de extensión, no muy ancha, que está atravesada por el río Níger hasta su desembocadura en el Océano Atlántico y ser su impronta, el calor sofocante con olor a descomposición y muerte.
- ¡Por Dios! ¡Por Dios! ¡Voy a morir quemado! - Grita desesperado al ver que su tragedia aumenta al ser alcanzado por una seguidilla de rayos que lo envuelven con su tronar ensordecedor y sus endiablados latigazos de fuego. Sin embargo, como algo no muy lejano, divisa el faro y algunas de las luces del viejo puerto de Nembe. Fue lo último. El avión que es atrapado por un pozo de aire pierde más altura, hasta que roza las copas de unos árboles y se precipita al agua. El golpe fue tremendo y por estar ya totalmente desarticulado comienza a hundirse con rapidez. El desafortunado piloto trata de quitarse el cinturón de seguridad pero es en vano porque los brazos, por las secuelas del golpe, ya no le responden . Ahí se da cuenta que en forma irremediable iba a morir, que esos eran sus últimos instantes de vida. Así lo comprende y lo acepta con resignación al verla transcurrir, desde sus primeros años, en apenas unos instante.
- ¡Todo fue un horror! - Musitó, para sí mismo, como una postrera confesión por lo que fue durante toda su vida y antes de desmayarse al no tener más fuerzas, ni para el miedo, la histeria o el pánico.
- ¡Qué pasa! ¡Qué pasa!...- Sorprendido expresa al despertar, como si hubiera transcurrido una eternidad de lo que sólo fueron segundos, al sentir que le quitan el cinturón de seguridad y que lo cargan al hombro para depositarlo, unos pocos instantes después, con infinita delicadeza y paciencia sobre la cubierta de una lancha.
- ¡Quién es Usted! - Le pregunta, mientras aún estaba recostado de espalda en el piso de la embarcación y lo suficientemente consciente como para darse cuenta que ese hombre lo había arrancado de una muerte segura. Su salvador, un moreno gigantesco que sólo estaba vestido con un sarong y un sombrero de fieltro, al verlo reaccionar, amablemente se descubre y le dice:
- ¡Buenos días Señor! ¡Me llaman El Africano!
- Zogw- Balbuceó indeciso el desvalido, que muy lentamente y con mucho esfuerzo se incorporó. La tormenta ya había desaparecido y junto con ella el avión al que se lo tragó el mar enfurecido que ya por ese entonces estaba sereno, como si lo que acababa de acontecer no fuere más que un mal sueño. No, no lo fue, las casas y los árboles más endebles estaban arrasados como si los hubiere derribado una aplanadora y algunas embarcaciones, por no habérseles arriado sus velas a tiempo, habían sido quitadas de sus amarras por el fortísimo viento y arrastradas tierra adentro o estrelladas contra los ceibos y eucaliptos de la ribera. El panorama era desolador y el silencio total, pero aquí o allá podían verse a personas que con cara más de curiosidad que de sorpresa iban saliendo, en extensa procesión, de las pocas casas que habían quedado en pié, por lo que fueron refugio de los que habían sido sorprendidos lejos de las suyas o de los que le fueron destrozadas por las ráfagas y torbellinos del huracán. En tanto, al verse muy observado por su salvador, el traficante, por su estado de conmoción y de debilidad física no puede ocultar sus nervios y tampoco puede intentar escapar de quién y quiénes, por seguro, lo aborrecían y le deseaban la muerte. No, no le cabían dudas que cada una de las familia de esa zona había perdido alguno de sus seres queridos en las guerras que él fomentó en la región, al instigarlas y venderles armas a sus jefes.
-¡No temas! ¡No te haré daño! - Escuchó muy sorprendido, que con voz pausada y tranquila le hablaba su salvador, sin saber a ciencia cierta si era una ironía por estarse burlando de él o le hablaba con el corazón.
-¿Sabes quien soy?
-¡Si! ¡Se quien eres! ¡Eres El Cuervo !- Le respondió El Africano , con solemnidad y carencia de toda afectación en el tono de su voz. Como si fuere un respetuoso encuentro, en un cruce de caminos, de dos vecinos que no se conocen personalmente pero se hablan, por primera vez, de igual a igual.
-¿Entonces, porqué me perdonas la vida? Por piedad, porque sientes lástima de mi situación.
¿Por qué?
- ¡No! ¡Nada de eso es del caso, para hablarlo aquí! Simplemente sería un asesinato más, otro te reemplazaría en horas- Le contestó el moreno gigantesco, mientras transitaban con su lancha un laberinto de riachuelos y pantanos, a guisa de los trazados por El Demonio en El Infierno.
Los gritos guturales de un ritual cercano le indican al desafortunado piloto, que su segundo viaje del día también está por llegar a su fin, por estar detrás de unos enormes manglares el antiguo puerto de esclavos. El Africano, con esmerada lentitud acerca la lancha a las maderas del viejo embarcadero para sujetarla , con una ajada y ennegrecida soga, a un poste ya bastante carcomido por sus mil amarres.
-¿Dónde vamos?- pregunta el traficante denotando angustia.
-Por aquí, por favor.- Le indica el moreno haciendo un gesto con su mano derecha mientras apoya la izquierda sobre su espalda y lo compele con una actitud no exenta de cordialidad y respeto a saltar a tierra y a seguirlo hasta una casa cercana, que guarda las clásicas formas de un Templo Vudú. Y lo era, porque se arrodilla ante su precario altar y se pone a orar, para agradecerle a Dios por haberle permitido que le salvara la vida.
-¿Africano? ¡Tú sabes quien soy! -lo interrumpe azorado, sin que aquel, impávido, cese en sus rezos y plegarias. Despues, tras unos segundos de meditación y absoluta quietud, comenzó a incorporarse para entregarme, con movimientos majestuosos, una máscara de madera exquisitamente labrada y con la particularidad de su mandíbula articulada.
-¡Colóquesela! - le ordenó, pero como tenía dificultades, con una sonrisa le dice.
- Permítame que le ayude - y así lo hizo, con mucha parsimonia, como si el tiempo no fuera su problema .Quién luego y para sorpresa del desafortunado piloto le depositó un fajo de billetes, en el bolsillo izquierdo de su chaqueta.
-¿Africano? ¿Porqué hace esto?-
- El dinero que le he dado, le responde con su peculiar talante, es suficiente para que usted regrese a Londres sin ninguna dificultad. No se quite la máscara hasta que llegue al puerto de Harcourt, es víspera de Navidad y todos los Ogoni la usamos. Hágace el borracho, que por ser un día festivo no llamará la atención, porque aquí, si le reconocen, le colgarán de un árbol.
-¿Qué puedo hacer por ti?- le preguntó El Cuervo, muy consternado por la actitud que tenía hacia el a pesar del daño que le había hecho a su pueblo y seguramente a su familia y amigos, demostrando, una infinita bondad y una gran sabiduría.
-Deja el comercio de las armas- fue su escueta respuesta mientras se dedicó a observarlo por unos instantes interminables.
-Busca la forma de que se conozca nuestra existencia y drama - concluyó, sin que su rostro reflejara una sola pizca de odio. En ese momento extremo -por la carga de emotividad- el traficante comprendió que su vida de ahí en más sería muy dura y que gran parte de ella se había ido para siempre junto a las palabras que creyó oírse al prepararse para morir -¡qué horror!- aprisionado dentro de los restos de su avión cuando la tormenta aún no había amainado.
-¡Tiene que redimir su nombre! ¡Que es Zogw! - continuó diciendo.
-¡Volveré! ¡Feliz Navidad Africano! - Sólo atinó a responderle tras la máscara que ocultaba su rostro desencajado, aunque no así sus ojos vidriosos. De inmediato, y un tanto huyendo de sí mismo, ganó la calle para caminar como si reprimiera las eses propias de una temprana borrachera.
-¿Qué barco me puede llevar hasta la ciudad de Freetown, en Sierra Leona?- Le pregunta Zogw a unos marineros ingleses, mientras conserva la máscara que cuelga de su hombro y trata de ocultar su rostro de los nativos que pululan por el lugar.
-El Esculapio, le indica el más joven y locuaz, mientras le señala una embarcación cercana que por el ajetreo de su gente seguramente se apresta a partir, en tanto su compañero, que no dejaba de observarlo, le grita mientras se retiraban y a modo de chanza:
-¡Oye! ¡No tienes que preocuparte! Su capitán por unos pesos ha llevado hasta El Demonio - Tras la risotada, levantan sus manos y lo despide con un:
-¡Buen viaje amigo! - La apreciación de Zogw no fue equivocada, porque a los pocos instantes de haberlo abordado, el Esculapio, que no tenía más de veinte metros de eslora, comenzó a alejarse cansinamente de la costa nigeriana y a ser invadido por el clásico olor a sal del mar abierto.
-¡Dios mío! ¡Que calor agobiante! - Como una letanía, se lo repetía una y otra vez sin atreverse a compartir la situación con los demás pasajeros, por temor a ser descubierto por lo que había sido hasta ese momento, El Cuervo, un inescrupuloso traficante de armas. Con la única persona que había conversado fue con el capitán de la embarcación, quién le había permitido abordarla sin hacerle muchas preguntas. Como se crió en Londres, donde el clima es frío y a veces muy crudo, siempre le resultaron insoportables las altas temperaturas del Continente Africano, además de aterrorizarlo la posibilidad de contagiarse alguna de las tantas enfermedad que se han enseñoreado en esa región. Por lo que siempre se desplazaba portando un botiquín con toda clase de medicamentos, para cubrir sus primeros auxilios.
-¡Capitán! ¡Capitán! Permítame por favor - le solicitó, mientras se acercaba a su puesto de mando.
-¿Qué sucede caballero?- le requirió, mientras le apoyaba su brazo izquierdo en el hombro y acercaba la cabeza a su cara, para escucharlo mejor sin alborotar al resto del pasaje.
-¡Quisiera dormir sobre la cubierta, Señor! Tiene que autorizármelo, no resisto el calor excesivo y además deseo aprovechar esta deliciosa brisa marina que estoy comenzando a sentir.
- Permiso otorgado - fue su breve respuesta.
-Asegúrese de no caer por la borda, especialmente si el mar se pone picado- le advirtió. Zogw sacó del camarote que le habían asignado, una almohada y una colchoneta, las que depositó sobre la cubierta de popa por tener sus barandas resguardadas por un tejido de alambre con mallas bastante chicas, seguramente para evitar accidentes entre los niños, preparando la cabecera de su improvisada cama sobre los sostenes de una de las bocas de aire del barco. Su frugal cena, consistió en galletas marineras con fetas de jamón español y queso de la misma procedencia, que junto con un generoso vaso de vino de uva negra y de muy buen paladar, fue el obsequió del El Capitán a quién, sin lugar a dudas estaba en dificultades y a sabiendas, de la generosidad de esta clase de gente. Ya no le cabían dudas de llevar en su barco a El Cuervo, lo que significaba, El Diablo en persona.
-Por el agobio al que lo sometía su conciencia, apenas se recostó en su improvisado catre marinero, se sintió invadido por un profundo sueño y la extraña sensación de que el tiempo ya no existía en su mente que se pobló de las imágenes nítidas de una ciudad de edificios altísimos y estilizados, que límpidamente habían emergido del mar lejano, para perder sus cúpulas imponentes entre las nubes de un cielo azul como una esmeralda. Se los apreciaba rodeados de todo lo más bello que se haya podido ver jamás sobre la tierra e impregnados de una energía tan positiva que no dejaba dudas de augurar la juventud por siempre de sus afortunados habitantes. Estos, que no eran muchos, denotaban gran poder personal, ser agradables en su trato y que hacían de su libertad, del amor y la bondad un ejercicio cotidiano, así como de la defensa de esos valores, y de todos aquellos en los que la suerte de éstos pudiera estar comprometida, por lo que hacían casi imposible la convivencia de alguien que no fuere así, por simular en sus designios. Al despertar, ya al filo del amanecer, Zogw, no tuvo dudas de haber visualizado, en lo más profundo de su conciencia, a la ciudad del fin de los tiempos, a La Ciudad Omega. De ahí en más, sólo tuvo como deseo que otro sueño le permitiera nuevamente disfrutarla o que la magia del tiempo la haga realidad sobre la Tierra, por haber otras personas que quieran compartir su extraña y fascinante visión. De todas formas, se comprometió así mismo, a consultar a alguna persona que por su autoridad y sabiduría lo pudiera desasnar sobre este misterioso asunto. A alguien como lo fue, en la Antigua Grecia, la pitonisa Sibila en el Templo de Apolo.
-¡ Freetown, a la vista!- anuncia el capitán, mientras una bocina, de sonido bajo y gutural hace la advertencia a los demás barcos que El Esculapio está entrando en el puerto de la capital de Sierra Leona. El sol del medio día era sencillamente abrasador, sin embargo, El Capitán ataviado con sus mejores galas y al pie de la escarilla de desembarco, saludaba a diestra y siniestra a cada uno de los que habían sido sus pasajeros. Ante esta situación, nuestro protagonista se instaló último en la fila de los que se aprestaban a descender.
-¡Caballero! Que tenga un excelente día- Fue su saludo, mientras le estrechaba la mano. Zogw, le respondió de la misma manera y con su mano izquierda le obsequió una suculenta propina que el susodicho aceptó con una aparatosa reverencia, colmándolo de bendiciones por todo el tiempo que aún le quedaba por vivir, mientras lo observaba desaparecer entre el gentío de un mercado aledaño de frutos y productos del mar. Sin saber aún que por la saga de sus aventuras, sería leyenda.
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Queridos amigos, continuaré más tarde, un abrazo. Atilo
Buenos Aires, Lunes 11 de Enero de 2.010
CAPITULO II
SECRETOS DE ESTADO
El fino aroma de los perfumes francés se entremezcla con el acre olor del humo de los cigarros. Es la atmósfera que hay en la Casa de Gobierno de este País Mafioso en los albores de una tórrida noche, de vísperas verano. Es un país muy empobrecido. Su clase dirigente lo subvierte y engaña con discursos mentirosos. En tanto el traficante de armas arrepentido, avenido ahora a topo de una causa justa, continúa con su trabajo subrepticio y muy riesgoso. Sobre el escritorio del Jefe Máximo de la política local.
Lo ayuda a pasar desapercibido su maestría en el terreno en que labora y el gran jolgorio que lo rodea. La fiesta surrealista por el año que está a punto de terminar ha llegado a su apogeo y está comenzando a declinar. Y a mostrar, tras los efectos etílicos, los reales motivos de la Gran Tragedia Nacional. Eso sí, como excelsos actores que lo son, cada cuál conserva su lugar y su máscara. Unos la del "Todo vale. Los pobres me necesitan a mí" y otros la de "Somos tan sensibles y sufrimos tanto que lo mejor es que lo mío sea bien mío y lo de ustedes de todos".
Por entonces, Zogw , el Agente Secreto de Ciudad Omega, ha ocultado entre sus ropas cada una de las pruebas que buscaba. Sobre los reales motivos por los cuáles se había reunido uno de los jefes del poder local con El Cuervo, un inescrupuloso traficante de armas y el sustituto en su otrora trabajo que ha abandonado para siempre.
Dejándose ver lo menos posible, con naturalidad y displicencia camina hacia la puerta de salida entre la caterva de borrachos. Se siente observado. El ambiente está plagado de custodios y de Agentes Secretos del contraespionaje. Presiente el peligro, pero ya es tarde. Una fláccida mano se apoya sobre su hombro mientras una voz melosa le dice:
-¿No nos hemos presentado, caballero?- Se voltea. Un rostro inescrutable junto a otros personajes lo observan y comienzan a empujarlo hacia una habitación aledaña.
-¡Demonios!- exclama el topo que sin dudar extrae su pistola Walter P5 con silenciador y le dispara a quemarropa a su peligroso interlocutor. Se genera una gran confusión lo que aprovecha para lanzarse fuera del edificio gubernamental mientras un nutrido grupo de personajes grotescos, lo tirotean sin piedad.
En tanto el Agente del Contraespionaje del Estado Mafioso yace caído en medio de un charco de sangre. El certero proyectil que entró por debajo de su chaleco antibalas le ha partido el corazón. En tanto Zogw trata de defenderse de la balacera guareciéndose tras los árboles aledaños mientras estudia la forma de escabullirse hasta donde está su Bugatti Vieron 16.4 con su trompa enfilada hacia el Este, en la cabecera de la ancha avenida a la que enfrenta. Pegada a La Aduana Vieja. Apenas si se muestra por sus cambios de color en el chasis, en este caso por el negro, que le permitirá trasladarse, entre las sombras de la noche, en forma casi invisible como si fuere un murciélago.
-¡Ahora sí!- grita para señalar que la guerra es total. Ha logrado abordarla, y en menos de 2.2 segundos ha pasado de 0 a 100 kilómetros por hora.
De pronto, observa un hongo monstruoso que se le viene encima por su derecha y sin más, una explosión ensordecedora. El Cuervo que por estar anoticiado, desde un helicóptero Eurocopter EC 665 Tigre, le acaba de disparar un misil Alazan con carga radiactiva. El blindaje de la Bugatti soporta la embestida y su refrigerador, que se ha accionado en forma automática, reduce en el mismo instante y forma drástica su temperatura de los casi 2.000 que existen en su derredor. El frondoso paisaje de la zona es un páramo desolado, como el de la ladera de un volcán después de la erupción.
En tanto, y a varios miles de kilómetros de distancia de estos espeluznantes y dramáticos sucesos, Ingrid, que es una sofisticada y prestigiosa modelo de pasarelas, oriunda de la ciudad de Nueva York , está en el vestidor de su casa de la 5ta. Avenida - al Sur del Central Park - preparándose para cumplir durante las primeras horas de la noche con uno de sus múltiples compromisos de trabajo. En un primer momento, se la pudo ver pensativa sobre lo que le era más adecuado ponerse para asistir a la sesión, hasta que se decidió comenzar por el calzado, por lo que extrajo de una coqueta bolsa color vino un par de zapatos que había comprado la tarde anterior, en una boutique muy cercana a su domicilio. No eran unos más de los tantos que ya tenía en sus placard porque sencillamente cuando los vio en el escaparate le fascinaron. Transmitían, seguramente por su finísimo acabado, un sentimiento de serena elegancia no exenta de audacia. El historial de su confección por parte del marroquinero es realmente importante, ahí se indica que están cubiertos por una dermis vacuna curtida al zumaque teñida con colorantes negros de origen vegetal y en toda la parte interior, que luce como si fueren de un par de guantes, estan forrados con una delicada cabritilla blanca que ostentan como detalle, una hoja negra en la parte posterior de sus plantillas. Además las estructuras de sus tacos, que tienen casi ocho centímetros de alto, es de fibra de carbono y todo el conjunto, de cada uno de ellos, está empotrado en sus suelas que son de cuero de toro rebajado. Son realmente una exquisitez y un obsequio para la vista y el buen gusto.
Por otra parte, y luego de admirarlos por unos momentos, la modelo los comenzó a manipular y con mucha meticulosidad y destreza les adhirió en la parte superior interna de cada uno de los tacos, donde casi se toca la suela, dos minúsculos y poderosísimos procesadores de datos, que por su color y formas se mimetizaban como si fueren una parte de su diseño. Luego seleccionó para completar su atavío nocturno, una falda de tela de lino gris azulado que sólo le llegaba hasta unos centímetros por encima de su rodilla, una camisa color perla de popelina y un abrigo con caída y corte escocés liviano y a tono con el resto de su atuendo, para así salir a la calle y dirigirse a sólo unos metros de la esquina de Broadway y la 7ma. Avenida en donde la esperan, sobre esta última, para una sesión de fotos. Comenzó a caminar y a disfrutar de la noche espléndida de fines de otoño y de la candencia del taconeo de sus zapatos, además de los escaparates en donde la Ciudad de Cristal le exhibía sin ningún pudor todos sus lujos. De pronto, el ronroneo gutural de la alarma del celular que le pertenece a la NSA (National Security Agency), interrumpe sus pensamientos. Lo busca en su cartera de la misma marca y color que sus zapatos Louis Vuitton y lo activa, ahí observa con total claridad y precisión en su diminuta pantalla, que el Agente Secreto Zogw, al servicio de la Ciudad Omega, está en serios problemas mientras transita en su Bugatti Vieron 16.4 a altísima velocidad por alguna carretera del hemisferio austral, en donde también aún es de noche. El problema es que en pocos segundos puede ser alcanzado por un cohete cargado con filamentos de grafito que sin ninguna duda destrozarían sus instalaciones eléctricas para dejarlo sin contacto con su base en las Islas Caimán y así seguramente lo podrían apresar sin mayores dificultades. El control estratégico de las telecomunicaciones de Fort Meade, en el Estado de Maryland, sobre la información que les proporciona el satélite Saya indica que se ha dado una orden al piloto de un helicóptero desde una base en tierra que está a no más de cuatro kilómetros hacia el Noreste del punto de intercepción que es por encima del lugar por donde transita el vehículo del Agente Secreto.
-¡Lanzar cohete de grafito! Déjelo sin comunicaciones
-¡Lanzar cohete de grafito! Déjelo sin comunicaciones
-¡Lanzar cohete de grafito! Déjelo sin comunicaciones
- Rápidamente y manteniendo el ritmo de sus taconeos Ingrid apretó en el celular el alerta rojo, para advertirle a su colega y aliado del peligro que corría su humanidad durante los próximos segundos.
-¡Electricity cut!... Electricity cut!... Electricity cut!...
-Aparece impreso en la pantalla del tablero del bólido a punto de ser siniestrado. A los pocos instantes el Agente Secreto escucha por su radio un zumbido estridente mientras puede ver en el plasma una imagen estilizada que rápidamente se agranda hasta cubrirlo en su totalidad para inmediatamente verlo estrellarse y estallar sobre la autopista a unos metros por delante de su trayectoria, cubriéndolo en su totalidad con su peligrosa carga. Sin embargo, los filamentos de grafito no pudieron dañar la red eléctrica de su Bugatti Vieron 16.4 porque ya la había cortado, apenas una fracción de segundos antes de la explosión.
-¡Al fin! ¡Al fin!- festeja el espía. La imagen de la pantalla le muestra ahora las puertas traseras hidráulicas de la bodega de carga de su avión Lockeed C -130 Hércule. Abiertas de par en par. En la cabecera de la Pista Uno del principal aeropuerto del lugar.
Poco tiempo después. La Bugatti se zambulle en la panza presurizada, del avión que lo aguardaba, a través de la rampa inferior para acceso de cargas desde el piso. Fue entonces cuando los cuatro turbopropulsores Allison T56 A-15, de 4.910 C.V plantados en el ala alta del aparato rugieron y permitieron un despegue que fue como las circunstancias lo requerían. Corto y rápido.
-¡Arriba!¡Arriba!- vocifera par continuar con los festejos mientras se eleva y eleva, hasta quedar oculto tras las sombras de la noche y enfilar su rumbo hacia las aguas internacionales. Ayudado por la guía del indicador de posición de choque y del radar de navegación AN/APN 59 que lleva instalados en el morro del aparato.
-¡Bien hecho Zogw.! ¡Bien hecho! ¡Bien hecho!..
-Le responde Ingrid a modo de saludo por haber escuchado cada uno de sus festejos en forma totalmente secreta, a través de sus aros diseñados cabalmente y con los mismos materiales preciosos y nobles del emblema de la Ciudad Omega, de la que es una gran admiradora y una de sus más conspicuas integrantes. El que representa a la última letra del alfabeto griego en oro puro engastada sobre un zafiro color azul mar. Símbolos de la nobleza del ser humano en el estadio final de su evolución y de una antiquísima leyenda persa, que vaticinaba a la Tierra como apoyada sobre un hermoso y fascinante zafiro, que con sus reflejos atraía las cosas más bellas de la vida y daba color al cielo.
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Queridos amigos, continuaré más tarde, un abrazo. Atilo
Buenos Aires, Viernes 29 de Enero de 2.010
CAPITULO III
PACTOS DE SILENCIO
Atento y bastante espantado El Cuervo observaba el bamboleo de su barco Phantom en el paso de Miraflores por el Canal de Panamá, la diferencia entre la altitud del Océano Pacifico con la del Atlántico es tan grande a favor del primero, más de seis metros, que al traficante de armas la última compuerta de la cámara de esclusa se le asemejaba a una tétrica guillotina que tenía que observar mientras la compuerta abierta de la alcantarilla permitían que las aguas se nivelaran para que así pudiera salir a mar abierto a través del Golfo de Panamá. Por otra parte, las requisas sobre su barco fueron como para la ocasión, muy lazas, porque fácil era advertir por la altura de su cota la sobrecarga no declarada de armas que había acopiado en el mercado negro de las islas del Caribe. Urgido a alejarse del lugar, lo más rápido que fuera posible, dado las acechanzas que rondaban a su persona en cuanto a su vida y libertad, enfiló a toda máquina hacia las cercanas costas de Sudamérica en donde al menos pensaba refugiarse del acoso al que lo venía sometiendo, en las últimas semanas, la policía secreta de varios países de occidente. Un par de días más tarde, habiendo navegado sin mayores contratiempos al estar protegido por las espesas nieblas costeras, dio comienzo a las maniobras de arribo hasta el andén del muelle de un puerto clandestino, dentro del distrito de la ciudad de Mosquera en la República de Colombia. Por su calado, que era lo suficientemente profundo como para que el buque tocara la costa, se facilitó la rápida descarga de las armas hasta la carrocería de dos camiones cubiertos por unas gruesas lonas amarradas a sus armazones de hierro. Al convoy lo precedían dos modernas camionetas cuatro por cuatro de la casa Ford, en una de las cuales viajaba su jefe que se le conocía por el apodo de Cienfuegos y era por ese entonces el Comandante de la Zona Norte del Frente Armado Revolucionario de Colombia (FARC).
-¿En qué consiste este cargamento?- preguntó el terrorista al traficante sin que habieran intercambiado ningún saludo.
-Hay diez mil rifles FAL de procedencia belga y otro tanto de cintas de balas y de rifles de asalto AR-15- le respondió El Cuervo, mientras aquel se disponía a subir a su camioneta para presidir el cortejo hasta su campamento, al que se podía acceder solamente a través de un camino de sirga poblado de guardias que se intercomunicaban constantemente las veinte y cuatro horas durante todos los días del año.
-Bien, nos vemos en un rato - le manifestó a modo de respuesta aprobatoria y saludo. En tanto, el traficante de armas también se dispuso a subir a su helicóptero blindado Flash I que estaba pintado de negro y al que sus esbirros ya le habían aprestado tras accionar el sistema hidráulico del Phantom que abrió dos puertas sobre su cubierta y lo elevó hasta la superficie para que pudiera despegar. Después de hacerlo, rápidamente lo oriento hacia el noroeste por donde estaba la guarida del terrorista. El alto jefe de las FARC en persona dirigió el aterrizaje del aparato y fue a recibir al traficante al pie de la portezuela, con quien se confundió en un prolongado abrazo lleno chanzas y recuerdos. Luego y mientras conversaban amigablemente caminaron hasta una casona que no estaba a más de cincuenta metros del improvisado helipuerto.
-¡Estimadísimo amigo! este es uno de mis laboratorios clandestinos - le canturreo en el oído el anfitrión como si fuere la confesión de su mayor secreto.
- ¡Ah¡ ¡Esto sí que es interesante!- fue la reacción de El Cuervo, cuando su amigo le abrió la pesada puerta para que entrara a una amplia habitación iluminada por luces artificiales y en donde había una gran mesa alargada de muy buena madera rodeada por mujeres que trituraban hojas de coca sin ninguna prenda encima.
-Así se evita que escondan droga manufacturada entre sus ropas- le respondió el jefe terrorista sin darle más importancia al asunto.
- Vamos hasta la comandancia- invitó, dirigiéndose a grandes zancadas hasta un habitáculo que completaba sus lados con dos enormes placas de vidrio a prueba de balas y troneras en las que estaban las ametralladoras sobre sus trípodes, en el rincón noroeste de la pared del fondo. Ingresaron por una puerta, también blindada, que estaba montada sobre tres goznes empotrados a aquella que era de hormigón armado.
-¿Traiga ron helado? -. Le ordenó a una joven que oficiaba de camarera y a la que previamente había llamado con el chasquido de sus dedos, a los pocos instantes esta se apersonó con los vasos y la botella de bebida helada de la que les sirvió, sin mostrar ningún pudor por su total desnudez al no tener encima ninguna prenda como las demás. Prolongaron el conciliábulo por un largo rato mientras intercambiaban ideas y apreciaciones sobre las consecuencias que podría acarrear si se llegaba a filtrar más información sobre el complot como ya había acontecido y de la imposibilidad de suspenderlo por la gran cantidad de gente involucrada y la cercanía del día concertado. Por otra parte la Central de Inteligencia Americana (CIA) lo había detectado bajo el nombre de "La Conexión AM". También sabía, desde hacía bastante tiempo, junto a otros servicio de inteligencia del mundo que ésta era sólo una pantalla de distracción para algo muchísimo más grande y peligros que aún no conocían. De pronto las obreras que manufacturaban la droga se ubicaron en fila en uno de los lados de la pesada mesa para significar, con este gesto ya convenido, que los diez kilos de cocaína pura estaban listos. Al comentarle el comandante la novedad a su amigo este se puso de pie y le requirió:
-Necesito un fósforo largo con un trozo de papel de aluminio. - Una de las mujeres que raudamente había ido hasta una cocina aledaña le alcanzó, a los pocos instantes, lo que acababa de pedir. Con estos elementos el susodicho se acercó hasta el pote con la droga, que estaba en el centro de la mesa, y tomó de su contenido una pizca con su dedo pulgar y el índice que depositó en la palma de su mano izquierda para fregarla entre las dos hasta tornarla, por estar en contacto con la transpiración, en una pasta transparente y con cierto brillo que jocosamente la consideró de su agrado. Enseguida encendió el fósforo debajo del papel metálico sobre el que había colocado el estupefaciente, que comenzó a evaporarse hasta dejar en su superficie sólo una mancha de coloración muy pálida que le dio la certeza definitiva sobre la máxima pureza de la sustancia que estaba punto de adquirir. Al poco rato y después de otros grandilocuentes saludos, en este caso por la despedida, estaba volando hacia el barco con los diez kilos de droga pura por cuyo costo había entregando armas hasta cubrir su valor de medio millón de dólares.
- ¡Soltar amarras! ¡Rápido! ¡Rápido! ¡Rápido!..- Fueron las órdenes del mafioso a sus secuaces desde el puente de popa, en donde se había ubicado después de ocultar la droga y de vigilar los movimientos y maniobras que les permitió a aquellos guardar el Flash I en la bodega del Phanton.
-¡Al puerto de Odessa y por el Pacífico!- Ordenó como destino final del viaje por el que estaba haciendo los aprestos finales, pues prefería navegar por siete mares antes que cruzar por territorios cuyos gobiernos comulgaban totalmente con los intereses de la Central de Inteligencia Americana.
-¡Dígale a Alí que venga a verme! Le indicó a su ayudante y confidente Hortensio.
-¡Qué se le ofrece señor!- le espetó el requerido a los pocos segundos que por otra parte lucía como lo que es, bajito, enjuto y narigón, además de muy orgulloso de su ascendencia turca y de su profesión que es la de fabricar venenos letales. Por cierto, un sicario eficiente al que a todos le causa mucho temor.
-¡Alí! Quiero que cortes los diez kilos de cocaína pura que están escondidos en mi camarote hasta que los conviertas en cien y que estos luzcan como si no los hubiere manipulado, es necesario que al menudeo saque precios topes- Le ordenó al siniestro personaje.
-Tienes dos semanas- concluyó. El Cuervo no empleaba mujeres desnudas para hacer el trabajo pero lo hacía hacer en su barco en donde era mucho más difícil poder esconderla sin ser descubierto. El sabía perfectamente que a esos cien kilos si los vendía al menudeo en el mercado de las calles de Tiraspol, que es una ciudad importante de la Europa del Este además de la capital de la República de Transdniester, con nuevos aditamentos los podría estirar hasta trescientos que le dejarían como ganancia veinte millones de dólares. Necesarios e imprescindibles para comprar quinientas ojivas nucleares que ya les había vendido a cincuenta a los popes políticos de un País Forajido. También sabía que por la soberbia y estupidez de sus clientes esa documentación ultra secreta en donde se plasmó el acuerdo había sido descubierta en sus propios escritorios y además filmada por Zogw a comienzos de este verano austral, o sea por el Agente secreto de La Ciudad Omega. Sobre este tema también conocía de millones y millones de personas que por estar hartas de ser parias en sus propios países se estaban en ella agrupando. Además conocía por las mentas entre sus acólitos del crimen organizado que en los primeros días de este milenio un grupo de líderes poderosos en el quehacer conductivo, espiritual y económico se habían reunido en un rumboso palacio del valle de Dalarna del Reino de Suecia en donde sentaron las bases y los programas de acción, aún secretos, de lo que se dio en llamar La Ciudad Omega, la ciudad del fin de los tiempos, que tiene como objetivo central lograr que cada habitante de la tierra preservando sus valores y costumbres ancestrales, así como el amor a su país de origen, pueda en un futuro no muy lejano ser y sentirse como un ciudadano del mundo. Tuvieron por testigos de lujo a los paisanos de ese lugar que son famosos por su ancestral amor a la familia, a la libertad y a la buena vida y que siguieron las instancias de aquel célebre cónclave desde sus hogares, enclavados entre los bosques milenarios de pinos picea. Los convocó y unió la terrible discriminación que existe sobre la gran tragedia que está padeciendo la Humanidad que por su número de victimas es una de las más grandes de toda su historia. Valgan como prueba la contundente realidad cotidiana y cada uno de los últimos informes de las Naciones Unidas que a través de del Director del Programa Mundial de Alimentos asevera, como si fuere una lúgubre letanía, que: "...en el mundo ya hay más de 1.000 millones de personas que padecen hambre y otros 3.000 millones están desnutridas..." o sea que más de la mitad de la población mundial, de 6.500 millones de habitantes, padece hambre. Además de estar acosada por el flagelo del desarraigo y de las enfermedades endémicas. El Cuervo también sabe, como tantos otros de su laya, que los "Mercaderes de la muerte" como él tienen muchísimo que ver en esta situación y que la formación de esa ciudad no es una buena noticia para ellos especialmente porque vela por sus intereses El Agente Secreto Zogw, un ex cuervo que lo fue por muchos años y que conoce muy bien el oficio de armar guerras entre pueblos inocentes y políticos corruptos a los que luego les vendía sus armas como si se tratara de oro en lingotes.
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Queridos amigos, continuaré más tarde, un abrazo. Atilo
Buenos Aires, Martes 16 de Febrero de 2.010
